¿Por qué odio las patatas fritas blandas y me encantan las crujientes?
Piensa en cuando abres una bolsa nueva de patatas fritas. Te metes una en la boca y la muerdes. ¡Croc! Escucha ese crujido tan fuerte y alegre entre tus dientes.
Ahora imagina una patata frita de una bolsa que ha pasado todo el día abierta. Está blanda, se dobla y te sabe fatal. ¿Por qué odias las patatas fritas blandas y te encantan las crujientes?
Una patata recién frita es una rodaja fina de patata que casi no tiene agua dentro. Al estar tan seca, es quebradiza: se rompe con un chasquido en vez de doblarse. Una ramita seca del camino hace lo mismo cuando la pisas.
Cuando muerdes, tus dientes aprietan la patata frita hasta que se parte. Las grietas avanzan por ella a saltitos rápidos, y cada una produce un sonido. Todos esos sonidos juntos forman el crujido que oyes dentro de tu cabeza.
Tu cerebro escucha ese crujido. Las manzanas y las zanahorias frescas también crujen, y las viejas se ablandan. Por eso, tu cerebro ha aprendido que lo que cruje está fresco. Así que una patata frita quebradiza te parece una delicia.
El aire que te rodea contiene humedad, que es agua en cantidades tan pequeñas que no puedes verla. No la notas, pero entra en una bolsa abierta de patatas fritas. ¿Qué crees que pasa cuando esa humedad llega a una patata frita seca?
Como la patata frita está tan seca, absorbe la humedad poco a poco, como una esponja seca absorbe agua. Con el paso de las horas, la patata se va humedeciendo por dentro.
Una patata frita húmeda ya no es quebradiza. Cuando la muerdes, se dobla y se aplasta en vez de partirse. Como no se rompe con chasquidos, ya no cruje: solo notas cómo se aplasta blandita, casi sin ruido.
Tu cerebro oye ese ruidito apagado y nota cómo la patata se dobla al morderla. Decide que está vieja, no fresca, igual que una manzana blanda y arrugada. Por eso una patata frita blanda te sabe tan mal.
Quebradiza, humedad. Te encantan las patatas fritas crujientes porque una patata seca y quebradiza se rompe con un crujido fuerte que le dice a tu cerebro que está fresca, y odias las blandas porque la humedad del aire hace que se doblen sin apenas ruido y tu cerebro decide que están viejas.
La próxima vez que oigas un crujido alegre, sabrás que tu listo cerebro está escuchando, así que descansa y que tengas dulces sueños.









