¿Por qué algunos animales duermen todo el invierno?
Piensa en una mañana fría de invierno, cuando el aire te pellizca la nariz y la escarcha brilla sobre la hierba. En verano, el jardín estaba lleno del zumbido de los escarabajos, y al atardecer un pequeño erizo husmeaba bajo los arbustos. Ahora el jardín está quieto y en silencio, y el erizo no aparece por ninguna parte.
¿Adónde se ha ido? Igual que los osos y los murciélagos, el erizo se pasa los meses fríos durmiendo y no se deja ver hasta la primavera. Pensemos juntos: ¿por qué algunos animales duermen todo el invierno?
Empecemos por lo que come un erizo: escarabajos, lombrices, babosas y orugas. Cuando llega el frío del invierno, esos bichitos se meten muy hondo en la tierra y se quedan quietos. El jardín que en verano estaba lleno de comida ya casi no tiene nada que comer.
El frío trae un segundo problema. El cuerpo del erizo funciona como una pequeña estufa que convierte la comida en calor, y en una noche helada necesita mucha comida para mantenerse caliente. El invierno pide más comida justo cuando hay menos.
Por eso, durante todo el otoño, el erizo come y come y come. Su cuerpo guarda la comida que le sobra como una capa blandita de grasa debajo de la piel. Esa grasa es comida guardada para más tarde, como una fiambrera preparada dentro de su propio cuerpo.
Cuando las noches se vuelven heladas, el erizo amontona hojas secas y hierba debajo de un seto o de una pila de leña. Se mete dentro y se enrosca en una bola apretada y llena de púas. La gruesa capa de hojas no deja pasar el viento, la lluvia ni la nieve.
Entonces el erizo empieza su hibernación, que es un descanso largo de invierno, mucho más profundo que tu sueño por la noche. La hibernación le deja esperar a que pasen los meses de hambre sin salir a buscar comida. ¿Qué crees que le pasa a su corazón mientras descansa tan profundamente?
Su corazón late muchísimo más despacio: de casi doscientos latidos por minuto pasa a unos veinte. También respira más despacio, y su cuerpo se queda casi tan frío como las hojas que lo rodean. Un cuerpo que va tan despacio deja de esforzarse por estar caliente, así que durante la hibernación gasta solo un poquito de grasa cada día.
Como gasta tan poco, la grasa que guardó en otoño le dura todo el invierno. Se queda enroscado en hibernación hasta que la primavera trae de vuelta los escarabajos y las lombrices.
El frío del invierno esconde la comida del erizo y le hace muy difícil mantenerse caliente, así que el erizo guarda grasa durante todo el otoño y luego empieza su hibernación. En la hibernación, su cuerpo va muy despacio y vive de esa grasa guardada hasta la primavera.
Debajo del seto, el montón de hojas descansa quieto bajo la escarcha. Muy dentro, una pequeña bola de púas respira despacito y espera los escarabajos y las lombrices de la primavera.

Faro







