¿Cómo encuentra una lechuza ratones a oscuras?
Es de noche, y el campo está oscuro y tranquilo. Un ratoncito corretea entre la hierba alta. Arriba, en un poste de la valla, una lechuza espera quieta.
Cierra los ojos un momento y escucha. ¿Oyes sonidos a tu alrededor, aunque esté oscuro? Entonces, ¿cómo encuentra la lechuza a ese ratón, si casi no puede verlo?
Cada paso del ratón hace un crujido: un ruidito suave y seco, como un susurro. Sus patitas rozan la hierba seca y las hojas. La lechuza escucha con mucha atención ese crujido.
La cara de la lechuza es redonda y plana, como un platito. Sus plumas atrapan el crujido. Llevan el sonido hacia sus orejas, igual que una mano ahuecada atrapa los sonidos.
Las orejas de la lechuza se esconden bajo las plumas, a cada lado de la cara. No las puedes ver, pero ahí están. Sus orejas son desparejas: eso quiere decir que una está más alta que la otra.
Como sus orejas son desparejas, el crujido llega a cada una un poquito distinto. Una oreja lo oye un poco más fuerte que la otra. Así la lechuza sabe de dónde viene el sonido. ¿Qué crees que hace ahora con la cabeza?
La lechuza gira la cabeza, despacito, poco a poco. Se para cuando el crujido suena igual en sus dos orejas desparejas. Ahora su cara apunta justo hacia el ratón.
La lechuza abre las alas y baja volando a ese sitio exacto. El ratón está escondido bajo la hierba, pero ella sabe dónde está. Lo encontraron sus orejas, no sus ojos.
El ratón hace un crujido, y las orejas desparejas de la lechuza le muestran adónde volar. Por eso la lechuza encuentra al ratón con las orejas, aunque esté oscuro.
El campo oscuro vuelve a estar en silencio. De vuelta en su poste de la valla, la lechuza descansa quieta, con su cara redonda mirando a la hierba alta.

Faro







