¿Cómo puede el agua llevar una semilla?
¿Alguna vez has echado una hoja en un charco? Acuérdate del agua fresquita en tus dedos. Luego la hojita se balancea y se va navegando.
Una semilla no tiene patas para caminar. Tampoco tiene brazos para remar. Entonces, ¿cómo puede el agua llevar una semilla? Vamos a seguir a una semilla grande para descubrirlo.
Junto al mar hay una palmera muy alta. Cuando un coco está maduro, la palmera lo suelta. ¡Plof! Cae en la arena, y una ola se lo lleva al mar.
Un coco es una semilla grande envuelta en una cáscara, que es una capa gruesa llena de hilitos. La cáscara tiene muchísimas bolsitas de aire diminutas. El aire pesa muy poco, así que la cáscara hace que el coco grande sea más ligero de lo que parece.
Ahora el agua empuja el coco hacia arriba. El coco empuja hacia abajo, pero solo un poquito, porque su cáscara es ligera. El empujón del agua es más fuerte. Por eso el coco flota encima, como un barquito.
Por fuera, la cáscara tiene una piel lisa y dura. Esa piel no deja que el agua entre. Las bolsitas de aire se quedan secas, y el coco sigue flotando durante muchos días.
Una semilla que flota necesita algo que la mueva. En el mar hay corrientes, es decir, agua que no para de moverse hacia el mismo lado. Una corriente empuja el coco, como una mano suave.
La corriente lleva el coco junto a rocas y peces. Día tras día, el coco se balancea y se aleja de su palmera. ¿Dónde crees que se parará?
Por fin, la corriente lo acerca a una playa nueva, muy lejos. Las olas hacen rodar el coco hasta la arena blandita y calentita. Ahora la semilla descansa en un lugar nuevo.
El agua puede llevar la semilla del coco porque su cáscara está llena de aire. Así el coco flota, y una corriente lo empuja muy lejos.
En la arena calentita, el coco descansa quieto en su cáscara de hilitos. Las olas pequeñas van y vienen suavemente a su lado. Detrás, el ancho mar azul brilla al sol.









