¿Por qué la comida dura más tiempo fresca en la nevera?
Piensa en cuando abres la puerta de la nevera. Una bocanada de aire frío te roza los dedos, y notas la botella de leche fría en la mano. Dentro, el queso, el yogur y la sopa de anoche esperan en los estantes.
Ahora imagina un vaso de leche en la mesa de la cocina durante una tarde calurosa. Al día siguiente huele a agrio, y nadie quiere beberlo. Esa misma leche, dentro de la nevera, se conserva bien durante días. Entonces, ¿por qué la comida dura más tiempo fresca en la nevera?
La comida se estropea por las bacterias, unos seres vivos tan diminutos que no puedes verlos. Las bacterias viven en el aire, en nuestras manos y en la comida que comemos. No las ves, pero no paran de hacer cosas.
Las bacterias se alimentan de pequeños trocitos de la comida en la que viven. Cada una que se alimenta bien se divide en dos, y esas dos vuelven a dividirse. En poco tiempo, unas pocas bacterias se convierten en millones.
Cuando millones de bacterias se amontonan en la comida, esta empieza a estropearse. Estropearse significa ponerse mala: oler mal, volverse viscosa o tener un sabor agrio. Aquella leche agria de la mesa estaba llena de bacterias hambrientas.
A las bacterias les encanta el calor. En una encimera calentita, comen y se dividen deprisa, así que cada hora hay más. Por eso, la comida que dejamos fuera de la nevera, con calor, se estropea en uno o dos días.
La nevera funciona día y noche para mantener frío su interior. Está casi tan frío como el hielo, pero no tanto como para congelar la leche. Todos los tarros y cajas de sus estantes también se enfrían. ¿Qué crees que les pasa a las bacterias que viven en esa comida fría?
El frío hace que las bacterias vayan mucho más despacio. Comen y se dividen lentamente, como si tuvieran sueño. El frío no las elimina, así que la comida de la nevera también acaba por estropearse. Pero tarda mucho más.
Bacterias y estropearse. La nevera mantiene fría la comida, y el frío hace que las bacterias vayan más despacio, así que la comida tarda mucho más en estropearse.
La próxima vez que notes esa bocanada de aire frío de la nevera, puedes sonreír e imaginar a todas esas pequeñas bacterias adormiladas, descansando sin prisas y bien fresquitas.









