¿Por qué un moratón cambia de color mientras desaparece?
Piensa en alguna vez que te diste un golpe en la pierna con el borde de una mesa. Unas horas después, te salió una mancha morada en la piel. Al apretarla con mucho cuidado, te dolía un poquito.
En los días siguientes, esa mancha hizo algo sorprendente. Se volvió verde, luego amarilla, y después desapareció. Entonces, ¿por qué un moratón cambia de color mientras desaparece?
Debajo de tu piel hay vasos sanguíneos, que son los tubitos finos que llevan la sangre por todo tu cuerpo. Un golpe fuerte aprieta la piel tan deprisa que algunos de los más pequeños se rompen.
La sangre se sale de los tubitos rotos y llega al espacio blandito que hay bajo tu piel. Por encima, tu piel sigue entera, así que la sangre se queda atrapada ahí. La ves a través de la piel como una mancha oscura, y esa mancha es el moratón.
La sangre atrapada ya no puede recoger el aire fresco que respiras, así que se vuelve más oscura. Por eso un moratón nuevo se ve de un morado intenso, casi azul.
Tu cuerpo no deja la sangre derramada ahí tirada. Los glóbulos blancos, que son unos ayudantes diminutos de tu sangre que se encargan de la limpieza, viajan hasta el moratón para quitar la sangre vieja. ¿Cómo crees que unos ayudantes tan pequeños pueden limpiar toda una mancha de sangre?
La van deshaciendo en trocitos, poco a poco, igual que tú te comerías una tarta grande porción a porción. La primera vez que los glóbulos blancos deshacen el color rojo de la sangre, este se vuelve verde. Así, al moratón morado le empiezan a salir bordes verdes.
Después, los glóbulos blancos cambian otra vez el color verde. Esta vez se vuelve amarillo, y el moratón también se pone amarillo.
Tus vasos sanguíneos de alrededor se llevan los trocitos amarillos, y cada día queda menos debajo de tu piel. El color se va aclarando más y más, hasta que tu piel se ve igual que antes del golpe.
Vasos sanguíneos y glóbulos blancos. Un moratón cambia de color porque un golpe rompe tus vasos sanguíneos, y los glóbulos blancos deshacen la sangre atrapada, que pasa de morada a verde y a amarilla, hasta que tus vasos sanguíneos se la llevan toda.
La próxima vez que veas un moratón verde o amarillo, sabrás que tu cuerpo está ocupado limpiando por dentro. Descansa bien, y deja que tus ayudantes hagan su trabajo en silencio.









