¿Cómo saben mis dedos que es una cuchara si tengo los ojos cerrados?
Imagina una bolsa de tela blandita llena de juguetes. Hay un osito, una pelota y un bloque de madera. Ahí dentro también se esconde una cuchara. Cierra bien los ojos y mete la mano.
Tus dedos tocan algo fresquito y liso. No puedes verlo, ni siquiera un poquito. Entonces, ¿cómo saben tus dedos que es una cuchara si tienes los ojos cerrados?
La respuesta empieza en las yemas de los dedos, que son las puntas blanditas de tus dedos. Las yemas de los dedos están llenas de puntitos diminutos que sienten. Sienten las cosas mejor que cualquier otra parte de tu mano.
Las yemas de tus dedos se deslizan despacito por lo que hay en la bolsa. Notan un mango largo y fino, y en una punta, una parte redonda y honda para coger la comida. Ya han sentido toda su forma. ¿Adónde crees que va ahora lo que han sentido?
Las yemas de tus dedos mandan un mensaje rapidísimo por tu brazo hasta el cerebro, dentro de tu cabeza. Viaja más rápido que un parpadeo. El mensaje le cuenta a tu cerebro que hay un mango largo y una parte redonda, fresquitos y lisos.
Tu cerebro guarda tu memoria, que es todo lo que has sentido y visto antes. Ahí están todas las cucharas que has cogido en el desayuno, y también las de la comida y la cena. Tu cerebro busca en tu memoria algo que encaje, como cuando tú buscas en tu caja de juguetes.
¡Tu cerebro encuentra una cuchara! Mango largo, parte redonda, fresquita y lisa. Todo encaja, como una pieza de puzle. Así sabes que es una cuchara, y tus ojos han estado cerrados todo el rato.
Con los ojos cerrados, las yemas de tus dedos sienten la forma de la cuchara. Luego tu cerebro encuentra esa forma en tu memoria, y así sabes que es una cuchara.
Tu mano sale de la bolsa de tela blandita con la cuchara. Abres los ojos, y ahí está. Mango largo, parte redonda, tal como la sintieron las yemas de tus dedos.









