¿Cómo sabe tu nariz qué hay de cena?
Imagina que estás jugando con tus bloques. De pronto, llega desde la cocina un olor calentito y rico. Huele despacito, así. ¡Sabes que es sopa antes de que nadie diga nada!
Nadie te enseñó la olla. No miraste ni probaste nada. Entonces, ¿cómo sabe tu nariz qué hay de cena? Vamos a seguir ese olor para descubrirlo.
La comida caliente suelta trocitos que suben flotando por el aire. Son tan pequeños que no se pueden ver. Juntos forman el aroma de la comida, que es el olor que suelta una cosa.
Después, el aire lleva el aroma por toda la casa. El aire no para de moverse, así que arrastra los trocitos que flotan. Muy pronto, el aroma de la sopa llega hasta ti.
Ahora respiras, y el aire entra en tu nariz. Cuando olfateas, metes más aire. Así entra más aroma, y el olor se nota más fuerte.
Arriba del todo, dentro de tu nariz, hay una zona pequeñita que atrapa esos trocitos. Los trocitos de sopa se notan distintos a los de tostada o los de manzana. Así esa zona sabe qué trocitos han entrado. ¿Qué crees que hace tu nariz con ellos después?
Tu nariz le manda un mensaje rapidísimo a tu cerebro. El mensaje le cuenta qué trocitos han entrado. En un abrir y cerrar de ojos, llega.
Tu cerebro recuerda olores de antes. Otro día oliste sopa, y también te la comiste. Por eso tu cerebro relaciona ese olor con la sopa y lo sabe enseguida. ¡Sopa para cenar!
Nuestra palabra especial de hoy es aroma. La comida suelta aroma, tu nariz lo atrapa y tu cerebro recuerda esa comida.
Dulces sueños, pequeño olfateador, y que mañana te traiga algo rico que oler.









