¿Qué hace mi cuerpo cuando salgo corriendo a la nieve?
Imagina que te pones las botas y sales corriendo a la nieve blanca, recién caída. Crac, crac, hacen tus pasos, y el aire frío te pellizca la nariz y los dedos. ¿Notas ese cosquilleo fresquito en las mejillas?
Ahí fuera te paras a atrapar copos y miras a tu alrededor, y parece que dentro de ti no pasa nada especial. Pero tu cuerpo está ocupado todo el rato. Entonces, ¿qué hace tu cuerpo cuando sales corriendo a la nieve?
Muy por dentro estás caliente, como en un baño calentito. El corazón, los pulmones y la barriga están en tu núcleo, que es la parte caliente del centro de tu cuerpo. Tu núcleo tiene que seguir caliente para que todas esas partes puedan seguir haciendo su trabajo.
Cuando el aire frío te toca la piel, tu piel le manda un mensaje rápido a tu cerebro. El mensaje dice que aquí fuera hace frío. Enseguida, tu cerebro se pone manos a la obra para mantener caliente tu núcleo.
Tu sangre caliente viaja por todo tu cuerpo dentro de los vasos sanguíneos, que son unos tubitos que llevan la sangre. Muchos de esos tubitos pasan justo debajo de la piel, cerca del aire helado. Cuando la sangre caliente pasa por ahí, el aire frío le quita su calor.
Así que tu cerebro les dice a los vasos sanguíneos de la piel que se aprieten y se hagan más estrechos. Pasa menos sangre caliente cerca del frío, y más se queda en lo hondo de tu núcleo. Por eso se te enfrían primero los dedos de las manos y de los pies, mientras el centro de tu cuerpo sigue caliente.
Los vasos sanguíneos estrechos ayudan a guardar el calor, pero no pueden fabricar calor nuevo. Poco a poco, tu cuerpo sigue perdiendo calor en el aire helado. ¿Qué crees que podría hacer tu cuerpo para fabricar más calor?
Tu cerebro les dice a tus músculos que tiriten. Se aprietan y se aflojan muy deprisa, una y otra vez, y todo ese trabajito fabrica calor. Te castañetean los dientes, te tiemblan los hombros, y tu sangre lleva ese calor nuevo hasta tu núcleo.
Cuando sales corriendo a la nieve, tu piel le avisa a tu cerebro del frío, y tu cerebro trabaja para mantener caliente tu núcleo. Estrecha tus vasos sanguíneos para guardar la sangre caliente muy dentro, y hace tiritar a tus músculos para fabricar calor nuevo.
Fuera, en la nieve blanca, tus botas crujen y los dedos te hormiguean de frío. Pero muy dentro, en el centro, tu núcleo sigue tan caliente como un baño calentito.









