¿Por qué cruje la nieve bajo nuestras botas?
Imagina una mañana fría de invierno. Te pones las botas y sales fuera. El aire frío te hace cosquillas en la nariz y las mejillas. ¡Cric, cric, cric! Escucha cómo cruje la nieve bajo tus pies.
La nieve parece blandita, como una manta blanca y esponjosa. Una almohada blanda no suena cuando la aprietas. Pero la nieve cruje cuando caminas sobre ella. ¿Por qué cruje la nieve bajo nuestras botas? Vamos a descubrirlo.
La nieve del suelo es un gran montón de copos. Cada copo es un cristal: un trocito de hielo con brazos finos y puntiagudos. La nieve recién caída está llena de ellos.
Ahora das un paso. Tu bota pesa y aprieta muchos cristales a la vez. Aprieta con mucha fuerza sus bracitos finos. ¿Qué crees que les pasa a esos bracitos bajo tu bota?
¡Crac! Los brazos finos se rompen. Los cristales fríos son duros, como pequeños trocitos de vidrio. No pueden doblarse, así que se parten.
Un solo cristal hace un crujido muy suave al romperse. Ese crujido, por sí solo, es tan suave que no puedes oírlo. Pero tu bota rompe muchos cristales justo al mismo tiempo.
Todos esos pequeños crujidos suenan a la vez. Juntos hacen un sonido fuerte: el crujido que oyes. Con cada paso, tu bota encuentra nuevos cristales que romper. Por eso, cada paso produce un nuevo crujido.
Nuestra palabra especial de hoy es cristal. Tu bota rompe muchos cristales diminutos de hielo a la vez, y por eso cruje la nieve.
La próxima vez que camines por la nieve, escucha con atención cómo se rompen todos esos cristales diminutos bajo tus botas calentitas.

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