¿Cómo siente tu piel una pluma o un cubito de hielo?
Cierra los ojos e imagina una pluma que te roza el brazo. Es suave y hace cosquillas, ¿verdad? Ahora imagina un cubito de hielo en ese mismo sitio. ¡Brrr!
Tu piel siente las dos cosas enseguida. Pero se sienten muy distintas. Entonces, ¿cómo siente tu piel una pluma o un cubito de hielo? Vamos a descubrirlo juntos.
Tu piel está llena de sensores diminutos, tan pequeños que no se pueden ver. Están justo debajo de la parte de fuera de tu piel, por todo tu cuerpo. Los tienes en los dedos, en las mejillas y hasta en las puntas de los dedos de los pies. Su trabajo es notar lo que te toca.
Cuando la pluma te roza el brazo, le da a tu piel un empujoncito muy suave. Hasta una pluma ligera aprieta un poquito tu piel. Algunos sensores diminutos notan ese empujoncito suave. Ahora tu piel sabe que algo la está tocando.
Otros sensores diminutos notan el frío. Tu piel está calentita, y el cubito de hielo está muy frío. El hielo le quita calor a tu piel. Estos sensores del frío notan que tu piel se enfría.
Cada sensor está unido a los nervios, unos hilos finitos que llevan mensajes. El sensor manda un mensaje rapidísimo por los nervios. ¡Zas! ¿Adónde crees que va ese mensaje?
Los nervios lo llevan hasta tu cerebro, dentro de tu cabeza. Tu cerebro recibe el mensaje superrápido. Lo lee y sabe justo qué te ha tocado. Y entonces lo notas: ¡es suave y hace cosquillas, o está frío y helado!
Nervios. Los sensores de tu piel notan el empujoncito o el frío, y tus nervios se lo cuentan a tu cerebro. Por eso una pluma se siente suave y hace cosquillas, y el hielo se siente frío.
Que duermas muy bien, y esta noche dale una palmadita cariñosa a tu piel tan lista.









