¿Cómo le dice mi mano al cerebro lo que toca?
Cierra los ojos y pasa los dedos por tu manta. Sin mirar, sabes que es suave y tiene pelusita. ¿Cómo le dice tu mano al cerebro lo que toca?
Tu mano está al final de tu brazo, y tu cerebro está dentro de tu cabeza. Están bastante separados, así que la noticia sobre la manta suave tiene un largo camino por recorrer.
Tu piel está llena de puntos sensibles al tacto, tan pequeños que no puedes verlos. Cada tipo de punto nota algo distinto, como una presión suave o unas cosquillas. Gracias a ellos, tu cuerpo puede sentir el mundo que te rodea.
Cuando la manta presiona la punta de tu dedo, esos puntos envían señales. Las señales son pequeños mensajes rápidos que avisan de que algo te está tocando. Cada señal sale de la punta de tu dedo. ¿Cómo crees que llega un mensaje desde ahí hasta tu cabeza?
Viaja por tus nervios, unos hilos finos que llevan mensajes por tu cuerpo. Los nervios van desde la punta de cada dedo por la mano y el brazo, como largas cuerdas. Su trabajo es llevar señales, una tras otra.
Cerca del cuello, los nervios de tu brazo se unen a un manojo grueso de nervios. Ese manojo está dentro de tu columna vertebral y lleva las señales hasta tu cerebro. ¡Todo el viaje dura menos que un parpadeo!
Tu cerebro recibe señales de muchos puntos sensibles al tacto a la vez. Comprueba qué puntos las han enviado. Así sabe que algo está tocando la punta de tu dedo y no un dedo del pie.
Después, comprueba qué tipo de señales llegan. Una manta suave envía señales suaves y regulares. En cambio, una piedrecita con bultos envía señales que dan saltos y cambian mientras deslizas el dedo. Con toda esa información, tu cerebro descubre qué estás tocando: ¡una manta suave!
Hoy nos han ayudado dos palabras: señales y nervios. Los puntos sensibles al tacto de tu piel envían señales por tus nervios hasta tu cerebro, y tu cerebro descubre qué está tocando tu mano.
Que duermas bien y que esta noche tus manos descansen suavemente sobre tu manta tan acogedora.









