¿Cómo evita mi cuerpo que entren los gérmenes?
Piensa en la última vez que hundiste los dedos en barro fresco y blandito o acariciaste a un perro amigable. Tus manos recogieron gérmenes, seres vivos tan pequeños que no puedes verlos. Los gérmenes flotan en el aire y están en los pomos, los juguetes y los zapatos.
Algunos gérmenes pueden hacer que enfermes si entran en tu cuerpo. Pero ahora mismo te encuentras bien. Entonces, ¿cómo evita tu cuerpo que entren los gérmenes?
Tu piel es la primera en protegerte. Envuelve todo tu cuerpo como un abrigo ajustado, y sus capas están muy juntas. Los gérmenes no pueden pasar entre ellas, así que se quedan fuera.
Tu piel va soltando por fuera escamitas tan pequeñas que ni las notas. Debajo crece piel nueva, que empuja las escamitas viejas hasta que se desprenden. Cuando caen, se llevan también los gérmenes que tienen encima.
Cuando te raspas la rodilla, ese abrigo de piel tiene un huequecito por donde podrían entrar gérmenes. Tu sangre se espesa y forma una costra dura que cierra el hueco como una tapa e impide que entren. Debajo de la costra crece piel nueva hasta que el abrigo vuelve a estar entero.
Pero tu piel no puede cubrirlo todo. Tu nariz y tu boca deben tener aberturas para que puedas respirar y comer. Por ahí entran gérmenes con el aire. ¿Qué crees que hay dentro de tu nariz para detenerlos?
Dentro de tu nariz está la mucosidad, una sustancia húmeda y pegajosa que la recubre por dentro. ¡Seguro que tú la llamas mocos! Los gérmenes que entran flotando se quedan atrapados en la mucosidad, como migas pegadas a la miel.
Tu cuerpo no guarda dentro esa mucosidad llena de gérmenes. Cuando estornudas o te suenas la nariz, la mucosidad sale disparada y se lleva los gérmenes atrapados. ¡Achís!
La mucosidad también recubre tu boca y tu garganta y atrapa los gérmenes que pasan de la nariz. Cuando toses, empujas esa mucosidad hacia arriba y hacia fuera. Los gérmenes salen con ella.
Recuerda una palabra: mucosidad. Tu cuerpo evita que entren los gérmenes porque tu piel te envuelve como un abrigo ajustado y la mucosidad pegajosa atrapa los que llegan a tu nariz y tu boca con el aire.
Duerme bien y dale las gracias en silencio a tu piel y a tu nariz por protegerte sin descanso toda la noche.









