¿Por qué una esponja aplastada vuelve a hincharse?
Cuando te bañas, puedes apretar una esponja suave con la mano. Siente cómo se hace pequeña y salen gotas de agua. Luego abres la mano y, ¡puf!, vuelve a hacerse grande. Apriétala otra vez y pasa exactamente lo mismo.
Parece casi magia. Nadie tira de ella para que vuelva a abrirse. ¿Por qué una esponja aplastada vuelve a hincharse? Vamos a mirarla de cerca para descubrirlo.
De cerca, una esponja está llena de agujeritos. Algunos son grandes y otros son tan pequeños que apenas los ves. Entre los agujeros hay paredes finas, como entre pequeñas habitaciones. Estas paredes mantienen la forma hinchada de la esponja.
Cuando aprietas, tus dedos empujan esas paredes finas. Las paredes se doblan y se pliegan. Los agujeros quedan aplastados y toda la esponja se hace pequeña. Por eso salen gotas de agua cuando la aprietas.
Esas paredes son elásticas. Eso significa que, después de doblarse, empujan para recuperar su forma. Una pelota de goma también es elástica: la aprietas y vuelve a quedar redonda. Incluso aplastadas, las paredes elásticas siguen empujando tus dedos.
Mientras la sujetas con fuerza, la esponja sigue pequeña. Tus dedos empujan más fuerte que las paredes elásticas. Por ahora gana tu mano, y los agujeros siguen aplastados.
Cuando abres la mano, tus dedos dejan de empujar. Ya nada mantiene las paredes aplastadas. Las paredes elásticas vuelven a enderezarse y todos los agujeros se abren de par en par. ¿Qué crees que entra en todos esos agujeros abiertos?
Al abrirse cada agujero, el aire entra enseguida y lo llena. Dentro del agua del baño, entra agua en lugar de aire. Agujero a agujero, la esponja vuelve a hacerse grande e hinchada. Pronto tiene el mismo aspecto que antes de apretarla.
Nuestra palabra especial de hoy es elástico. Las paredes elásticas de la esponja empujan para recuperar su forma, y por eso vuelve a hincharse.
La próxima vez que aprietes una esponja, sabrás por qué vuelve a hincharse.









