¿De dónde sale la arena?
Imagina un día de sol en la playa. Coges un puñado de arena calentita. Se te escurre entre los dedos, suave, y te hace cosquillas.
La arena llena toda la orilla, de punta a punta. Hay muchísima, más de la que podrías contar. Entonces, ¿de dónde sale toda esa arena?
La arena empieza siendo roca dura. Piensa en un peñasco, que es una roca todavía más grande que tú. Está en el borde del mar, justo donde salpican las olas.
Las olas chocan contra el peñasco una y otra vez. Cada ola le da a la roca un empujón fuerte. Al final, el agua le arranca trocitos pequeños al peñasco.
Esos trocitos se convierten en piedrecitas. Las olas las llevan de un lado a otro, y las piedrecitas chocan entre ellas. ¡Clac, clac, clac! ¿Qué crees que les pasa a las piedrecitas que se golpean y se frotan todo el día?
¡Se van haciendo cada vez más pequeñas! Con cada golpe se gasta un poquito de piedra. Así, las piedrecitas encogen, golpe a golpe.
Por fin, los trocitos son tan pequeños que casi no se ve ninguno. Cada trocito es un grano, que es una motita diminuta de roca. Montones de granos juntos forman la arena.
Todo este chocar y frotar tarda muchísimo tiempo, más de lo que ha vivido tu abuela. Durante todos esos años, las olas siguen moviendo los granos nuevos por el agua.
Las olas llevan los granos y los dejan en la orilla. Allí los granos se amontonan. Con el tiempo, forman una playa ancha y suave.
Las olas rompen un gran peñasco en piedrecitas. Luego frotan las piedrecitas hasta dejarlas en granos diminutos de arena.
En la orilla, las olas suben despacito y dejan sus granos, suaves y calentitos. Cada grano diminuto fue un día parte de un peñasco grande y duro.









