¿Cómo puede hacer sol y frío a la vez?
Imagina una mañana de invierno muy luminosa. El sol brilla sobre la hierba cubierta de escarcha. Sales a la calle, y el aire frío te pellizca la nariz y los mofletes.
El cielo está lleno de sol, y aun así tienes los dedos fríos. Entonces, ¿cómo puede hacer sol y frío a la vez? Vamos a descubrirlo juntos.
El sol nos manda luz, y su luz trae calor. Cuando la luz del sol llega al suelo, el suelo se empapa de ese calor. Por eso una piedra está calentita después de una tarde de sol.
Luego, el suelo caliente calienta el aire que tiene justo encima. El aire recibe el calor del suelo de abajo. Así es como un día de sol de verano se vuelve caluroso.
En un día de invierno, el sol se queda bajito en el cielo, justo por encima de los tejados y los árboles. Su luz no puede caer derecha sobre nosotros. En cambio, llega inclinada, que quiere decir torcida hacia un lado, como el tobogán del parque.
Imaginemos una linterna en un cuarto a oscuras. Si apuntas derecho al suelo, ves un círculo pequeño y muy brillante. Ahora ladea la linterna para que su luz llegue inclinada. ¿Qué crees que le pasa a ese círculo brillante?
El círculo se hace grande y alargado, y brilla poco. La misma luz se reparte ahora por un trozo de suelo mucho más grande. Cada puntito recibe menos luz.
La luz inclinada del sol de invierno hace exactamente lo mismo. Se reparte sobre una gran superficie de nieve, campos y calles. Así, cada trocito de suelo recibe solo un poquito de calor.
El suelo sigue frío, y por eso el aire de encima sigue frío también. Allá arriba, el sol sigue brillando fuerte. Así es como un día puede tener sol y frío a la vez.
El sol bajo de invierno brilla mucho, pero su luz inclinada reparte el calor por una superficie demasiado grande. Por eso el suelo y el aire siguen fríos.
Sobre la hierba con escarcha, el sol brilla y centellea. Unos rayos largos e inclinados se estiran por los campos blancos, y el aire frío sigue fresco y tranquilo.









