

Fena riega el jardín dormido
El hada Fena cuida el jardín de noche, muy despacito, para que nadie se despierte.
- 1La lucecita entre las ramas2:35
- 2El soplo tibio y el rocío2:31
La noche entró en el jardín sin hacer ruido. Las hojas se fueron cerrando despacito, como párpados cansados… y todo se quedó quieto. Entonces, entre las ramas, se encendió una lucecita muy pequeña. Era Fena, el hada que cuida los jardines mientras todos duermen. Sus alas casi no sonaban. Un susurro, nada más.
Fena voló bajito, rozando la tierra tibia. Olía a hierba y a agua guardada. En el rincón de siempre dormía la rosa, con la cabeza inclinada hacia un lado. Pero uno de sus pétalos se había quedado torcido… doblado hacia fuera, como una manta caída de la cama. Fena se acercó de puntillas por el aire.
«No te despiertes… solo vengo a acomodarte». Fena tomó el pétalo con las dos manos, tan suave como quien levanta una pluma. Lo giró un poquito. Un poquito más. «Ya está — dijo —. Ahora sí estás tapada hasta arriba». Y la rosa, sin abrir los ojos, suspiró bajito.
El suspiro de la rosa movió el aire tibio, y Fena sonrió con los ojos casi cerrados. Siguió adelante, más lenta todavía. Junto a la cerca dormía el girasol, alto y pesado, con la cara mirando hacia el lado equivocado. Miraba la noche entera… y el sol saldría por detrás, muy lejos de él.
Fena apoyó las dos manos en el tallo grueso y empujó despacito, contando en silencio. Uno… dos… El girasol giró un poquito, crujiendo bajito, como cruje una cama cuando alguien se acomoda. Ahora su cara esperaba el sol. Fena le acarició los pétalos amarillos, y el jardín siguió durmiendo.
Historias similares
Cuentos similares
Cuentos tranquilos con la misma atmósfera — sobre amistad, la oscuridad y las suaves voces del bosque nocturno.



Comentarios
Comentarios
Inicia sesión para dejar una reseña
Solo los usuarios registrados pueden escribir comentarios — así mantenemos aquí un ambiente cálido y seguro.