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Del campo a la mesa · Episodio 1 de 4

El viaje del pan hasta tu mesa

FaroNarrado por Faro

Faro, el pequeño zorro, sigue el viaje del pan desde una semilla hasta la mesa, pasando por el campo, el molino y la panadería. Una explicación tranquila y acogedora para descubrir de dónde viene el pan de cada día.

Texto del episodio

El viaje del pan hasta tu mesa

Hola, soy Faro. ¿Notas ese olor tan rico? Es pan recién hecho, calentito y suave por dentro. Me encanta. Hoy quiero acompañarte en el largo viaje que hace el pan antes de llegar a tu mesa. Vamos despacito.

Nuestra historia no empieza en la cocina. Empieza mucho antes, bajo la tierra, con algo tan pequeño que podría esconderlo debajo de una de mis patas. ¿Sabes qué es? Una semillita.

Una persona que trabaja en el campo siembra miles de semillas en la tierra blanda y oscura. Es como arroparlas en su camita. Luego llega la lluvia y les da agua. El sol les da luz y calor.

Poco a poco, de cada semilla sale un brote verde y finito. Los brotes crecen y crecen, hasta superar mis orejas y mi cola. Juntos forman un campo entero de una planta que se llama trigo.

Durante el verano, el trigo sigue creciendo hasta que el campo se vuelve dorado. El viento pasa entre las plantas y las hace susurrar suavemente, como una canción de cuna. Ahora el trigo está maduro. Ya se puede recoger.

En lo alto de cada tallo hay una espiga. Mira, es esa parte donde se juntan muchos granitos. Dentro están las semillas, pequeñas y duras. Son los granos de trigo, el tesoro que esperábamos encontrar.

Después de la cosecha, los granos viajan hasta un lugar llamado molino. Allí los convierten en harina. En este molino hay unas piedras grandes, redondas y pesadas. Dentro de un momento veremos para qué sirven.

Las piedras giran y trituran los granos duros. Así los convierten en un polvo muy fino: la harina. Parece una nube suave. Cuesta imaginar que antes eran aquellos pequeños granos del campo, ¿verdad?

La harina llega a la panadería. El panadero la pone en un recipiente grande y añade agua, una pizca de sal y levadura. La levadura ayudará a que la masa crezca. Mezcla y amasa hasta conseguir una masa blanda y elástica.

Ahora la masa descansa, como tú cuando necesitas una pausa. El panadero la tapa con un paño y la deja en un rincón templado. Gracias a la levadura, se va hinchando poquito a poco. Cada vez está más grande y redondita.

Por fin, el panadero mete la masa en el horno caliente. Eso lo hace una persona adulta; nosotros miramos desde lejos. La corteza se vuelve dorada y crujiente, y todo huele de maravilla. ¡La masa ya se ha convertido en pan!

Un camión lleva el pan a la tienda y alguien lo trae a casa. Ya está en tu mesa. Semilla, trigo, granos, harina, masa y pan. Cuántas manos han ayudado en este viaje para que podamos disfrutar de una rebanada. Qué bonito, ¿verdad?

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