¿Por qué no podemos conducir un róver de Marte como un coche de juguete?
Piensa en un coche de juguete con mando a distancia. Pulsas un botón, oyes un pequeño clic y el coche gira enseguida. Muy lejos, en Marte, un coche robot llamado róver rueda sobre polvo rojo y rocas.
Hay personas en la Tierra que conducen ese róver. Entonces, ¿por qué no pueden manejarlo como tu coche de juguete, pulsando botones y viéndolo correr de un lado a otro? Vamos a descubrirlo juntos.
Marte está muy, muy lejos de la Tierra, mucho más lejos que la Luna. Incluso cuando está más cerca, Marte queda a más de cincuenta millones de kilómetros de nosotros. Tu coche de juguete está a solo unos pasos de tu mano, así que la orden de tu botón le llega al momento.
Para decirle al róver qué hacer, los conductores del róver en la Tierra envían una señal, que es un mensaje que viaja por el espacio por radio. Una señal es el mensajero más rápido que existe. Aun así, el espacio es tan enorme que hasta una señal necesita tiempo para cruzarlo.
A esa espera la llamamos retraso, que es el tiempo que pasa un mensaje de camino. Una señal de la Tierra tarda entre tres y veintidós minutos en llegar a Marte, según lo lejos que esté Marte en ese momento. Es tiempo suficiente para comerte un tazón entero de cereales.
Las fotos del róver llegan con el mismo gran retraso en su viaje de vuelta a la Tierra. Por eso los conductores siempre ven dónde estaba el róver hace muchos minutos, no dónde está ahora. Imagina que el róver va a toda velocidad hacia una roca grande. ¿Qué crees que pasaría antes de que los conductores pudieran pararlo?
Para cuando los conductores vieran la roca y su señal de parar cruzara el espacio, el róver ya habría chocado con ella. Y en Marte nadie puede acercarse andando y volver a poner sobre sus ruedas un róver volcado.
Por eso los conductores planean cada viaje con antelación. Estudian las fotos del róver, eligen un camino seguro entre las rocas y envían el plan entero en una sola señal.
Después, el róver sigue el plan él solito. Rueda despacio y con cuidado, para que sus cámaras tengan tiempo de ver una roca demasiado grande para pasar por encima de ella, y así puede pararse sin peligro. De esta forma, nunca tiene que quedarse esperando largo rato por culpa del retraso antes de cada pequeño movimiento.
Señal. Retraso. Marte está tan lejos que cada señal llega con mucho retraso, así que los conductores planean con antelación y el róver avanza despacio él solo, en vez de correr de un lado a otro como un coche de juguete.
La próxima vez que conduzcas tu coche de juguete, puedes sonreír y pensar en el róver paciente que, muy lejos, rueda tranquilo sobre el polvo rojo.









