

Tilo guarda la última bellota
Tilo la ardilla salta tres ramas para esconder la última bellota del día… y vuelve saludando a todos en voz muy bajita.
- 1Salta una rama, salta dos, salta tres2:15
- 2El mismo camino, pero al revés2:49
El sol ya se iba a dormir detrás del bosque. Tilo, la ardilla de cola muy peluda, asomó la nariz fuera de su nido. En las patitas llevaba una bellota… la última del día. Era redonda, lisa y todavía tibia del sol. —¿Dónde te guardo, bellotita? — se preguntó Tilo. Y sus bigotes temblaron de emoción.
¡Salta una rama! Tilo estiró las patas y voló un poquito por el aire. Sus uñitas se agarraron a la corteza áspera, ras, ras. Allí, colgando de una ramita fina, había una hoja verde y brillante. —¡Hola, hojita! — dijo Tilo, y le dio un golpecito con la punta de la cola. La hoja se meció… y le devolvió el saludo.
¡Salta dos ramas! Arriba, más arriba, donde el aire huele a pino y a resina. El viento llegó despacito y le peinó todo el pelo de la cola. Le hizo cosquillas en las orejas. —¡Hola, vientecito! — se rió Tilo. Y el viento le respondió con un silbido suave entre las hojas.
¡Salta tres ramas! Ahora Tilo estaba en lo más alto del roble viejo. Desde allí el bosque parecía una manta oscura y calladita, con caminitos de sombra. Y en el cielo, muy pequeñita, se encendió la primera luz. —¡Hola, estrellita! — dijo Tilo, y levantó una patita para saludarla. La estrella parpadeó dos veces.
En el tronco había un huequito secreto, escondido detrás del musgo. Tilo metió la bellota dentro con mucho cuidado, como quien acuesta a un bebé. La empujó… un poquito más… y la tapó con hojas secas. —Duerme bien, bellotita — le dijo. Y le dio un besito con la nariz fría.
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