
Glim y la chispa amable
Cuando el jardín se queda oscuro, una chispita de luz se enciende: plim. Y el miedo se hace un poquito más chico.
- 1La oscuridad del jardín2:21
- 2Plim, plim, plim2:54
About this story
Es de noche en el jardín y el más pequeñito de todos se ha quedado muy quieto debajo de una hoja: la oscuridad le parece demasiado grande. Entonces aparece Glim, un espíritu de luz que titila como una chispa amable. Plim junto a la piedra. Plim junto a la flor blanca. Plim junto al charco lleno de estrellas temblorosas. Con cada chispita, las cosas vuelven a ser lo que eran y el miedo se encoge un poquito más, hasta quedarse convertido en una sombra blandita que bosteza y también quiere dormir. Un cuento mínimo, repetitivo y calmado, con un solo gesto mágico muy simple, pensado para los oyentes más chiquitines a la hora de dormir.
En el jardín ya no queda ni una gota de sol. Las hojas se han vuelto azules, y el aire huele a tierra mojada. Debajo de una hoja grande, alguien muy pequeñito se ha quedado quieto… muy quieto. Es el más chiquitín de todo el jardín. Y esta noche, la oscuridad le parece un poquito grande.
El pequeñito encoge los hombros. Cierra los ojos, los abre otra vez… y la noche sigue ahí. No pasa nada malo — solo que no se ve nada. Y cuando no se ve nada, el miedo se pone grandote, como una manta demasiado pesada. El pequeñito suspira. Y entonces, en el aire, algo hace… plim.
Una chispita se ha encendido en la oscuridad. Es diminuta. Tiembla un poquito, como una gota de luz que está aprendiendo a volar. Sube, baja, da una vuelta despacito. Es Glim, el espíritu de luz, que titila cuando alguien tiene miedo. No dice nada todavía. Solo brilla, muy suave, muy cerquita.
—Hola, pequeñito —susurró Glim—. No hace falta que se encienda la noche entera… Solo un poquito. Un poquito basta. Mira. Y su chispita se hizo un poco más redonda, un poco más tibia, como una lucecita de miel colgada en el aire oscuro del jardín. El pequeñito no se movió. Pero dejó de temblar.
La luz se posó junto a la piedra gris. Plim. Y la piedra dejó de ser una sombra rara… y volvió a ser una piedra, redonda y fría, con un poquito de musgo en la espalda. El pequeñito la miró despacio. Y el miedo, sin hacer ruido, se encogió un poquito. Solo un poquito. Pero se encogió.
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