

Glim, Fena y la noche de las preguntas
Una noche en que nadie duerme, Glim y Fena salen a recoger las preguntas que flotan por el bosque como polillas.
- 1La noche en que nadie dormía2:51
- 2El frasco de Fena2:46
- 3¿Adónde va la luz cuando se apaga?2:37
- 4¿Sueñan los árboles?2:47
- 5Las preguntas que brillan igual3:09
Aquella noche, el bosque entero se quedó despierto. Las hojas no se movían… y aun así, nadie conseguía cerrar los ojos. Los conejos daban vueltas dentro de su madriguera. Los pájaros contaban las estrellas por tercera vez. Era una de esas noches en que el sueño se olvida del camino de vuelta a casa.
En el claro, algo flotaba. No eran luciérnagas. No eran polillas… aunque se les parecían muchísimo. Eran preguntas. Preguntas que nadie se había atrevido a decir en voz alta, y que ahora daban vueltas despacio, buscando un oído amable. Cada una brillaba de un color distinto.
—Buenas noches, preguntas —susurró una chispa pequeñita, colgada del aire—. Ya sé que pesáis mucho cuando os quedáis dentro. Venid conmigo… esta noche vamos a deciros en voz alta, una por una, sin ninguna prisa.
Glim era un espíritu de luz del tamaño de una avellana. Titilaba —encendido, apagado, encendido— como si respirara. Por donde él pasaba, la oscuridad no desaparecía. Simplemente dejaba de dar miedo. Se volvía una manta tibia en vez de un agujero.
—¿Y qué hacemos con ellas después? —preguntó una voz entre los helechos. Fena salió volando despacito, con las alas llenas de polvo de luna—. Yo tengo un frasco vacío en el jardín. Uno de cristal, con tapa de corcho. Ahí cabe casi todo lo que brilla.
Fena era el hada que cuidaba los jardines mientras el mundo dormía. Sabía qué flores tenían frío y cuáles tenían sed. Esa noche, ninguna planta se había cerrado. Los pensamientos morados seguían abiertos… mirando hacia arriba, como si ellos también esperaran una respuesta.
Así empezó todo. Un espíritu que no sabía casi ninguna respuesta. Un hada con un frasco vacío. Y un bosque entero lleno de preguntas revoloteando entre las ramas. Glim estiró su lucecita hacia la primera de todas… y la primera se acercó, temblando un poquito.
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