
Espi prepara su camita de hojas
Una hoja roja, una amarilla y una grandota marrón: Espi el erizo prepara su camita mientras la lluvia empieza a susurrar.
- 1La hoja roja y la hoja amarilla2:21
- 2La hoja grandota y la lluvia2:36
À propos de cette histoire
Cae la tarde en el bosque y el erizo Espi tiene una tarea muy importante: preparar su camita para dormir. Una a una trae sus hojitas blandas — la roja que hace chss, la amarilla que hace fff, la grandota marrón que hace plof — y las acomoda con muchísimo cuidado. Cuando la camita está lista, la lluvia llega de puntillas y se pone a susurrar afuera. Espi se enrosca despacito, hasta quedar como una bolita tibia. Un cuento muy tranquilo, con palabras sencillas y mucha repetición suave, pensado para los más pequeñitos justo antes de dormir.
La tarde se apagaba despacito en el bosque. Espi asomó el hociquito fuera de su hueco, entre las raíces del avellano, y olfateó el aire fresquito. Olía a tierra mojada… y a hojas. Sus patitas chiquitas hacían crac, crac sobre el suelo. Y hoy tocaba una cosa muy importante — preparar la camita para dormir.
Espi caminó hasta el arce viejo, el que se pone rojo en otoño. Allí, en el suelo, lo esperaba una hoja roja. Roja como una manzana pequeñita. Espi la empujó con el hocico, despacio, muy despacio… y la hoja se fue deslizando detrás de él. Chss, chss, chss, decía la hoja por el camino.
Dentro del hueco, Espi acomodó la hoja roja en el fondo del todo. La estiró con una patita. La alisó con la otra. Chss… dijo la hoja al quedarse quietecita. Espi se sentó encima, sólo para probar. Blandita. Muy blandita. Pero todavía faltaba: una hojita sola no es una camita.
Así que volvió a salir. El cielo ya estaba color durazno y las sombras se estiraban largas entre los troncos. Cerca de un helecho encontró una hoja amarilla, finita, casi transparente. Espi la levantó con muchísimo cuidado, porque las hojas amarillas se rompen fácil. Fff, hizo la hoja al moverse en el aire.
La hoja amarilla se acostó encima de la roja. Fff… y se quedó quieta. Ahora la camita tenía dos capas: una abajito y otra arriba. Espi apoyó la mejilla para sentirla. Le hizo cosquillas en el bigote. Faltaba una sola. La más grandota de todas. La que abriga como una manta.
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