Listo para escuchar· Capítulo 1 de 2
Talo cuenta las burbujas
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Capítulos
  • 1La arena tibia2:52
  • 2La burbuja más grande2:36

Sobre este cuento

En el fondo tibio del mar, la estrella de mar Talo se acomoda en la arena y mira hacia arriba. Una burbuja del cangrejo. Dos burbujas del pececito. Tres burbujas del alga dormilona. Cada una sube despacito y hace plop allá arriba, donde brilla la luz. La cuenta se va poniendo más lenta, más bajita, más blandita, hasta que sube una burbuja enorme y muy despacio… y Talo ya no llega a contarla. Un cuento de ritmo sencillo y voz suave, pensado para los oyentes más pequeños y para la hora de dormir.

Texto sincronizado

Texto del cuento

La arena tibia
Talo cuenta las burbujas

En el fondo del mar, donde el agua se vuelve azul oscurito y tibia, descansa Talo. Talo es una estrella de mar de puntas blanditas… blanditas como una manta pequeña. Se acomoda en la arena y hace un huequito redondo, justo de su tamaño. Un granito de arena le hace cosquillas y se va flotando. La arena está calentita, calentita. Talo respira muy despacio.

Arriba, muy arriba, la luz se mueve como si alguien la meciera. Y de pronto… sube algo. Una burbujita pequeña, redonda, brillante. Viene del cangrejo, que camina de lado entre las piedras grises y saluda con una pinza. Talo la mira subir, sube y sube… y allá arriba, donde el agua termina, hace plop. — Una — cuenta Talo.

El pececito plateado pasa cerquita, moviendo la colita. Abre su boca redonda una vez… y otra vez. Y salen dos burbujas gemelas, una detrás de la otra. Suben bailando, se hacen chiquitas, chiquititas, hasta tocar la luz. Plop. Plop. Dos sonidos blanditos, uno detrás del otro. — Dos — dice Talo, un poquito más bajito que antes.

En la roca vive el alga dormilona. Se mueve muy despacio, adelante y atrás, como si soñara de pie. Entre sus hojas verdes y largas se escapan tres burbujas pequeñitas. Una… y otra… y otra. Suben juntitas, como tres hermanas de la mano, hasta la luz. Y hacen plop, plop, plop. — Tres — susurra Talo.

Talo estira una punta y luego la recoge, muy tranquilo. El agua le pasa por encima como una caricia larga. En el fondo todo está quietecito: la arena, las piedras, las conchitas dormidas y una plumita de alga que no se decide a bajar. Una… dos… tres. Talo vuelve a contar, más despacito, sólo para sentirlo otra vez.

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