

Nera saluda al trébol
La conejita Nera da su primer paseo de antes de dormir: un saltito, dos saltitos, tres… y un saludo para cada amigo del prado.
- 1Un saltito, dos saltitos, tres2:10
- 2El mismo camino, al revés2:38
El sol se estaba poniendo colorado detrás de la colina. Nera, la conejita de orejas largas, asomó el hocico fuera de la madriguera y olfateó el aire tibio del prado. ¡Olía a hierba fresca, a tierra y a un poquito de miel! Movió una oreja. Después la otra. Y dio su primer saltito del paseo.
Salta una vez… ¡pum! Las patitas de Nera aterrizaron justo al lado de un trébol verde. Tenía tres hojitas redondas, blanditas como almohadas diminutas. Nera acercó la nariz para mirarlo mejor — y sin querer le hizo cosquillas. El trébol se meneó despacito, de un lado al otro, como si dijera «buenas tardes».
«¡Hola, trébol! Soy Nera y este es mi paseo de antes de dormir.» «Salto una vez… y te saludo. Eres la primera parada de todo mi camino.» «Tú quédate aquí, tranquilo, que la hierba alta te tapa las hojitas y así no tendrás ni pizquita de frío esta noche.»
Salta dos veces… ¡pum, pum! Y allí estaba una piedrecita gris, redonda y lisa, todavía calentita por el sol de la tarde. Nera apoyó una pata encima y se quedó quieta un momentito. «¡Hola, piedrecita!», dijo. La piedrecita no contestó — las piedras nunca contestan — pero brilló un poquito, y eso ya era bastante.
Salta tres veces… ¡pum, pum, pum! Al final del camino esperaba una florecita amarilla. Pero la florecita ya había cerrado los ojos: sus pétalos estaban juntitos, como dos manos que se abrazan. Nera bajó mucho la voz. «Hola, florecita… duerme bien», susurró — y no la despertó.
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