Bali, Tula y el camino de las aguas hondas
Listo para escuchar· Capítulo 1 de 5
Bali, Tula y el camino de las aguas hondas
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Capítulos
  • 1El canto con un hueco3:10
  • 2El desfiladero de coral2:47
  • 3La llanura de arena blanca2:45
  • 4La grieta por donde baja la luz3:26
  • 5El trozo que se inventa3:11
Texto sincronizado

Texto del cuento

El canto con un hueco
Bali, Tula y el camino de las aguas hondas

El mar todavía estaba oscuro cuando Bali abrió los ojos. Muy arriba, la luz empezaba a colarse en hilos delgados y torcidos. Bali era una ballena enorme, tan grande como una isla dormida — y cada año, por estas fechas, sentía en el pecho un tirón suave. Era el tirón del viaje. El camino de las aguas hondas la estaba llamando otra vez.

Bali tomó aire y cantó. Su voz bajó por el agua como una campana lenta, redonda, tibia. Era el canto que su madre le había enseñado cuando era pequeña, nota por nota, en noches de luna quieta. Ese canto era su mapa. Cada nota nombraba un lugar del camino… y el mar lo iba repitiendo por detrás, muy bajito.

—Falta algo — dijo Bali, y su voz sonó mucho más pequeña de lo normal. —Aquí, justo en el medio… hay un hueco. Como un escalón de piedra que ya no está en la escalera. Canto y canto, y el agua no me contesta igual que otros años. ¿Y si me pierdo esta vez? ¿Y si el camino entero se me olvida y no sé volver?

El silencio del amanecer se estiró un poquito más de la cuenta. Bali se quedó flotando, muy quieta, escuchando su propio corazón golpear despacio contra las costillas. Arriba pasó un banco de peces plateados, como una lluvia al revés. Y entonces, desde abajo, subió una sombra redonda y brillante.

Era Tula, la tortuga. Sus aletas se movían despacito, sin ninguna prisa, como si el tiempo fuera suyo y además le sobrara. El caparazón le brillaba con dibujos de miel y de musgo. Tula había visto pasar muchas primaveras, muchas ballenas, muchísimos viajes. Y sabía escuchar los huecos.

—Buenos días, cantante — dijo Tula, dando una vuelta entera alrededor de Bali. —Un hueco no es una pérdida. Un hueco es una puerta. Pero no la vas a encontrar corriendo. Hagamos el camino despacio, parada por parada. El coral, la arena blanca, la grieta de la luz. Yo voy contigo.

Bali sintió que el pecho se le llenaba de burbujas. Movió la cola una vez — solo una — y el agua entera se agitó con un rumor alegre que llegó hasta la orilla. Tula se rió con ese ruidito suyo, medio risa y medio burbuja. Y así, con el sol asomando, empezaron el camino de las aguas hondas.

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