

Lumi y Sila arropan la noche
Dos hadas van de ventana en ventana: una enciende una lucecita tibia, la otra susurra. Hasta que solo queda una ventana encendida… la tuya.
- 1Enciende, susurra2:12
- 2La última ventana2:29
La noche llegó despacio… como llega una manta cuando alguien la estira sobre la cama. Las calles se quedaron tibias y quietas. En lo alto, entre dos tejados, apareció Lumi — un hada pequeñita, del tamaño de una cuchara. Llevaba una lucecita cálida entre las manos, y la cuidaba como se cuida algo vivo.
Entonces el aire se movió apenas, y de ese movimiento salió Sila. Es un hada del viento, con alas transparentes como el vaho de una ventana. No hace ruido al llegar; solo trae un susurro guardado, doblado en pequeñito. Lumi sonrió. Sila también. No hizo falta decir nada más.
Bajaron juntas hasta la primera ventana. Dentro había una lámpara pequeña y una niña que todavía miraba el techo. Lumi acercó las manos… y la lucecita se hizo un poquito más grande, tibia como pan recién hecho. Después Sila se inclinó hacia el cristal y susurró — muy bajito — su primera palabra de la noche.
Ya está… ya está, pequeña. El día terminó, y el día no se lleva a la cama. Deja los zapatos donde están, deja el juego a medias… mañana te espera igual de bonito. Cierra los ojos despacito. Yo me quedo en la cortina, moviéndola apenas, para que sepas que estoy.
En la ventana de al lado vivía un niño que no quería quedarse solo en lo oscuro. Lumi dejó su brillo en el borde del cristal, como una miga de sol. Y Sila le susurró otra cosa distinta: «yo te espero». El niño respiró hondo, se giró hacia la pared… y ya no miró la sombra con miedo.
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